Los No Muertos llegan a Hymukai

Cuando la emperatriz Ayanami ascendió a los cielos dejó a dos hijos en la tierra Sujin y Kogen, a cada uno de ellos dio dos de los objetos para que juntos protegieran a los hombres de las criaturas infernales. El amor de ambos por la que sería la emperatriz Saimei hizo que surgieran los celos y el odio entre los hermanos. Por lo que rapidamente se dividió el reino de Himukai en dos, con dos grandes familias que surgían de ambas ramas. Las disputas terminaron provocando la primera gran guerra en Himukai. Se sucedieron las batallas y rápidamente Sujín tomo ventaja gracias a sus heroes. Al final las fuerzas de Kogen huyeron en barco y acabaron refugiandose en la fortaleza de Kaidan en el paso de Yamanashi.

En esta última batalla Kogen fue vencido y ejecutado por ordenes de su propio hermano, junto con todos sus oficiales y sirvientes. El terreno quedo plagado de cadaveres de hombres y animales, que eran devorados por los buitres y las alimañas.

A nadie desde entonces se le ocurre acercarse a aquel lugar, ya que dicen que los espíritus vagan en la noche lamentandose y que los arboles crecen de forma extraña en una tierra que aún esta roja de la sangre de los muertos.

Acabado el conflicto el emperador declaro traidor a todo aquel que osara tan sólo pronunciar el nombre de su hermano, de su familia o de cualquiera de aquellos que lo acompañaron, además mando destruir todas las imágenes y todos los documentos que alguna vez probaron que piso aquellas tierras. Así la familia de Kogen fue arrastrada como las hojas en otoño por el viento a un tragico final. Así el tiempo y Sujin se encargaron de borrar todo rastro de su existencia y a través de los siglos aquellos antiguos hechos se olvidaron quedando tan sólo el paso de Kogen como mudo testigo de lo que ocurrió.

Pero en las profundidades del inframundo la torturanda alma de Kogen aún pedía venganza y trataba de escapar de las garras de la muerte para volver a Himukai. Allí pacto con los dioses del Yumi que si le ayudaban a cumplir su venganza abriría las puertas del cielo para que pudieran cruzar de nuevo hacia las praderas celestiales. Así llegó la terrible noche en la que la emperatriz Saimei halló la muerte y tras esto la inexplicable desaparición de Sujin. El encadenamiento de todos estos acontecimientos no fue una casualidad y preparó la oportunidad que desde hacía siglos había esperado. Por lo que reuniendo a sus huestes regresó a Himukai con la sediento de venganza para llevar la muerte a todos aquellos que descendían de Sujin, no tendría piedad de los vivos, ya que ellos eran los muertos.

 

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